Mundus Novus 27

Nuestro mundo hoy, es uno en el que el “marketing” siempre está presente. Las
empresas invierten enormes cantidades de dinero para que publicistas creen
campañas que difundan a la población objetivo los beneficios de algún producto
o servicio que deseen colocar en el mercado. Es así que somos diariamente
“bombardeados” por anuncios en la televisión, en la prensa escrita y hasta en
las redes sociales, tratando de convencernos para consumir algo. Sin embargo,
suele suceder, que tras haber adquirido un producto, la experiencia de consumo
se aleja de la promesa hecha en un principio.
Cada uno de nosotros tiene alguna historia que contar de un producto que
resultó ser menos de lo esperado y del malestar que generó esto. Esto es más
común con productos que ofrecen soluciones instantáneas : píldoras para bajar
de peso, sustancias para detener la caída del cabello, artefactos para cocinar
más rápido, etc.
Nuestro enojo surge al sentirnos traicionados, engañados. La realidad cambió en
cuanto el producto estuvo en nuestras manos. Aquellos resultados maravillosos
que nos ofrecieron a través de la pantalla del televisor nunca llegan a cumplirse
del todo.
Si llegamos a reclamar sobre los resultados, descubriremos entonces que en las
instrucciones de uso hay “letras pequeñas” en las que se lee que los resultados
pueden variar de persona a persona y que otros factores, fuera del control de
la empresa que elaboró el producto, influyen en los resultados...

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