La educación por el amor en sustitución de la educación por el temor
El 31 de Julio de 1922, Robert Baden-Powell viajó de París, donde había participado de la conferencia inaugural de la Organización Mundial del Movimiento Scout, a Ginebra, donde lo esperaban como orador principal en el 3er Congreso Internacional sobre Moral y Educación. Estos congresos dieron nacimiento, en el año 1925, a lo que hoy es la Oficina Internacional de Educación, que forma parte de UNESCO. El Congreso en Ginebra fue organizado por el Instituto Jean-Jacques-Rousseau.
París y Ginebra. En solo algunos días, estos eventos le permitieron a Baden-Powell, luego de la dura experiencia de la Primera Guerra Mundial, definir su visión sobre el Movimiento Scout. Trastornado por el fracaso que había sido la guerra, el Fundador comienza así, el tercer período de su vida. Se pueden definir tres períodos: un período de exploración del mundo, que duró desde su niñez hasta su regreso de la guerra con los Boers (1857-1901); un período fundacional, que incluyó la observación de los males que afectaban a la sociedad británica y la experimentación (1902- 1920); y finalmente un período de misión, que duró desde el final de la guerra hasta su muerte. Cautivado por la universalidad, y como resultado de haber visto el Movimiento Scout expandirse en numerosos países; ya soñaba con que este fuera el movimiento juvenil de la Liga de las Naciones, matriz de lo que hoy es la Organización de las Naciones Unidas. Baden-Powell se había convertido en un hombre de paz.
De vuelta a París. La idea de una conferencia internacional de Líderes Scouts nació durante el primer Jamboree en Londres, en el año 1920. Desde el 22 al 29 de Julio de 1922, en la prestigiosa Universidad de la Sorbona, dirigentes Scouts se reunieron en el evento fundacional. En su discurso, Robert Baden-Powell declaró “Donde los jóvenes ciudadanos de todas las naciones, hombres y mujeres, sean educados para considerar a sus vecinos como hermanos y hermanas en la familia humana, unidos con el propósito común del servicio y de la amable ayuda mutua, ya no pensarán como antes en los demás como rivales de guerra, sino que lo harán en términos de paz y de buena voluntad para con el prójimo”. Lamentando que “la guerra nos haya mostrado cuan cerca de la superficie yacen los instintos primitivos salvajes del hombre“, B.-P. comprometió al Movimiento Scout a ser “una hermandad universal de servicio, una asociación de amistad que no se detiene más allá de las fronteras”. Y concluyó: “Este espíritu es el alma que se necesita para hacer de la Liga de las Naciones una fuerza viviente, en lugar de un simple pacto formal”.





