El Pueblo Libre de los Lobos - Parte II

Un tiempo después, bajo una hermosa luna llena, se reunió la manada en la peña del consejo. Hasta allí llegó Shere Khan en busca de la presa que, según él, le habían robado. Akela, aunque molesto por el tono soberbio con que el tigre pedía ser escuchado, le dio la palabra porque la ley de la selva señalaba que no se podía negar a nadie ese derecho.

-El cachorro de hombre que mamá loba ha presentado me pertenece; exijo que me sea devuelto- dijo Shere Khan.

-Shere Khan tiene razón- dijeron al unísono algunos de los lobos que allí estaban reunidos, y agregaron -“la rana” sólo nos traerá problemas.

Un silencio tan grande se produjo en la roca del consejo, que fue posible sentirlo hasta en las Moradas Frías. Los sapos dejaron de croar, los búhos de cantar y los monos de murmurar.

-Shere Khan ha hablado- dijo Akela, y agregó -ahora, según lo que dicta la ley que nuestro pueblo respeta, tienen derecho a hablar en defensa del cachorro humano dos miembros del pueblo libre que no sean sus padres.

-Yo hablaré en favor del cachorro humano- gruñó levantado en sus dos patas Baloo, el oso pardo -y en su defensa digo que ningún mal puede hacernos. Déjenlo correr en nuestras praderas y, al igual que lo he hecho con cada uno de ustedes, yo mismo le enseñaré la ley.

-¿Quién hablará ahora?- dijo Akela -ya lo ha hecho Baloo y él es nuestro maestro de cachorros. De nuevo reinó el silencio.

-¡Akela y vosotros, Pueblo Libre!- se escuchó la voz de Bagheera, la pantera negra, quien se había deslizado respetuosamente hacia el círculo que los lobos formaban. -Matar a un cachorro es una vergüenza- dijo, mientras cruzaba su mirada astuta y despierta con los siniestros ojos de Shere Khan. -Por otra parte, puede serles de gran utilidad en la caza cuando sea mayor. A lo que Baloo ha dicho y de acuerdo a la ley, si aceptan al cachorro humano en la manada, yo quiero agregar la oferta de un toro que acabo de cazar a poca distancia de aquí. ¿Están de acuerdo?

La oferta de Bagheera fue muy difícil de rehusar para los hambrientos lobos, quienes se acercaron a olfatear a Mowgli en señal de aceptación.

Y así fue como Mowgli fue recibido por el Pueblo Libre. Muchas aventuras le sucedieron desde entonces hasta el momento en que volvió, ya hecho un joven, al pueblo de los hombres.

 
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